lunes, 13 de julio de 2009

Guachos y Federales Dispararon Comercio y Enfermedades Sexuales en la Frontera

La llegada de tropas militares y policiacas a la frontera disparó el comercio sexual...Y el número de infectados por enfermedades que se transmiten en la intimidad...

fuente: EL UNIVERSAL
CIUDAD JUÁREZ, Chih.— “Rosy” se recarga en la puerta desvencijada de un edificio que se cae a pedazos. Calcula que con dos clientes más sacará “pa’l chivo” e irse a casa. “Ando bien cruda. Anoche fui a la fiesta que le hicieron los soldados a ‘Tania’. No he dormido nada”, cuenta, sin perder de vista al hombre de cabello corto, muy corto, y piel morena, que se acerca a lo que hace muchos años fue el famoso Hotel París.

En el lugar ahora hay una hilera de cuartuchos malolientes, con paredes que hace tiempo fueron blancas. Ahí, cerca de 200 sexoservidoras se dividen en tres turnos a los clientes; buena parte de ellos son soldados y policías federales.

“Rosy” regularmente trabaja de día. “En las noches me quedo con mis hijos, aunque desde que llegaron los soldados y los federales a veces me hablan por teléfono y les doy el servicio”, comenta.

Una blusa de gran escote y una falda negra muy corta son su atuendo de trabajo. El hombre se dirige a ella. Se ponen de acuerdo en el precio y se encaminan a uno de los cuartos que administra don Enrique. Es él quien, a cambio de 50 pesos, le da a “Rosy” un pedazo de papel higiénico y un condón; así como el derecho a usar un cuarto por 30 minutos.

El encuentro dura menos de lo negociado. El joven, de unos 22 años, vestido con pantalón de mezclilla y una playera verde, camina hacia el corazón del ruidoso centro de Juárez. “Es un cliente recurrente, viene una vez por semana. Me gusta ocuparme con él porque acepta ponerse condón; no batallo como con otros que se niegan”, comenta “Rosy”, quien en su último examen de salud resultó con sífilis, al igual que otras 20 de sus compañeras que se hicieron la prueba el mismo día.

Cunde la enfermedad

Alma Lilia Pérez, trabajadora social del Hospital de la Familia, Salud y Desarrollo Comunitario, AC, cuenta que en los últimos meses la demanda de servicios de salud, por parte de las trabajadoras sexuales, se elevó por la alta incidencia de enfermedades de transmisión sexual.

El proyecto de investigación “Mujer Segura”, que el hospital realiza en coordinación con la Universidad de San Diego, ha documentado que siete de cada diez sexoservidoras son portadoras de estos padecimientos, “principalmente sífilis, aunque también detectamos gonorrea, tricomona, vaginitis, clamidia y un repunte en los casos de VIH”.

Esta ciudad fronteriza, de poco más de un millón 300 mil habitantes, cimbrada por la violencia, la muerte y el deterioro del tejido social, es actualmente ocupada por 8 mil militares y mil 500 agentes federales, según cifras oficiales. A ellos se les encomendó, desde marzo de 2008, la tarea de enfrentar a la delincuencia organizada.

Por la avenida Paseo del Triunfo de la República, una de las vías principales de la ciudad, cada tres minutos rondan patrullas de vehículos militares y policiacos, donde los oficiales se mantienen en alerta y con las armas listas para disparar. Esto en los últimos meses se ha convertido en parte del escenario urbano de Ciudad Juárez.

Novios para todas

“Hay tantos hombres en Ciudad Juárez que la que no consigue novio es muy mensa”. Frases como éstas se dicen como bromas entre estudiantes de preparatoria, comenta María Elena Ramos, directora de la organización no gubernamental Compañeros, dedicada a la prevención del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) entre las y los trabajadores sexuales y los consumidores de drogas inyectables, además de desarrollar programas comunitarios de promoción de la salud.

La representante de la organización no gubernamental (ONG) opina que la presencia de una población flotante tan numerosa, y sin un plan de salud pública evidente, representa un riesgo tanto para la ciudadanía como para los militares y policías federales, porque no hay acciones específicas para la prevención de padecimientos de transmisión sexual, entre ellas el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Tan sólo esta enfermedad ha presentado, de 2008 a la fecha, un repunte de 15%, de acuerdo con las pruebas de laboratorio que la organización civil realiza.

Hace 15 años desapareció en este municipio la tarjeta de control sanitario que existían para llevar el registro de las y los trabajadoras sexuales, y con ello también se canceló el censo sobre el número de personas que se dedican a esta actividad. Los promotores de salud que colaboran en la organización Compañeros señalan que han percibido que el comercio sexual se ha incrementado, sobre todo ante la crisis económica.

No sólo prostitutas

“Hay muchos matices en la forma en cómo se relacionan sexual y afectivamente las mujeres y los hombres con los militares y los federales, y dentro de estos matices no sólo está el comercio sexual, ya que muchas jovencitas que se ven atraídas por los uniformes, entre otras cosas, tienen encuentros sexuales con ellos sin reparar en las consecuencias”, dice María Elena Ramos, de Compañeros.

La directora de Compañeros comenta que hizo llegar su preocupación a las autoridades federales. “Hablé con la directora de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría, María Elena Medina Mora, sobre si la gente que mandan a Juárez tiene información sobre sexualidad y prevención, si les proveen condones, y me dijo que sí, que tienen un programa especial de capacitación”. Sin embargo, “en cada retén que me paran les pregunto a los soldados que si traen condones y ellos me contestan que no y yo les doy de los que traigo en la bolsa. Algunos me han dicho que sí han recibido una plática sobre prevención de sida, pero otros dicen que nunca”.

La comunidad transgénero

En un recorrido por las zonas de tolerancia, salas de masaje y picaderos, EL UNIVERSAL recogió anécdotas de trabajadoras y trabajadores sexuales, quienes aceptan que con la llegada de la tropa se incrementó “la chamba”, pero también los riesgos, porque la mayoría quiere negociar el uso del condón. Algunos se portan muy agresivos y no quieren pagar y, en el peor de los casos, las violan o las extorsionan, se queja Guadalupe Muñoz, de la organización Misericordia y Vida para el Enfermo con Sida, AC.

“Gaby” es una joven transgénero. En sus ratos libres es promotora de salud. “Yo me he ocupado con los soldados. Cuando andan en las camionetas haciendo rondines se portan buena onda, se bajan, se quitan las armas, les damos el servicio y nos pagan”. Ella acepta que no siempre es así.

“Hace como un mes me ocupé con uno de los de boina roja; como se negaba a usar el condón, me forzó a que le hiciera sexo oral, me maltrató y ni me pagó. Fue muy agresivo, pero es el único que me ha tocado. Tengo clientes soldados que me buscan una o dos veces por semana, otros son de cada ocho días, ya sea viernes o sábado”.

Para “Gaby” no hay negociación: “Sin condón, no hay servicio”. Para convencer a sus clientes les argumenta que ella podría estar enferma de sida y que ellos regresarían a sus casas contagiados y afectar a su familia.

Desde las 10 de la noche las esquinas de la oscura calle Mariscal se llenan de jóvenes transgénero que ofrecen servicios sexuales. “Claudia” se coloca debajo de una de las escasas luminarias encendidas, para conquistar a sus clientes. “Me caen gordos los soldados por barateros. Hace unos 15 días me metí con uno de ellos a un picadero y le hice el servicio de sexo oral. Nomás me pagó 30 pesos porque era lo único que traía; como me enojé, me dijo: ‘Te vamos a violar entre todos los que venimos en la camioneta para que se te quite...’”.

Extorsión y abuso

Hace como un mes, comenta, se metieron a hacer un cateo a su cuarto y, como le encontraron “dos bachas de mota, me exigieron que tuviera sexo con dos de ellos; a uno hasta se lo tuve que hacer con el uniforme, porque me dijo que no se lo quita ni para tener sexo”.

En los picaderos, trabajadoras sexuales que son usuarias de drogas inyectables comentaron a este medio que cuando llegan los federales a hacer revisiones, las obligan a que les practiquen el sexo oral o se las llevan detenidas por andar vendiendo heroína.

Entre la basura y un pestilente olor a suciedad, “Adriana” dice que espera la muerte en ese picadero. Desde los 7 años ha sido consumidora de drogas y para conseguir una dosis tiene que prostituirse. Ella es parte de la población de Juárez con más alto riesgo de contraer enfermedades como el VIH, hepatitis B y C, por el uso de jeringas sin control. Hasta la calle Mercurio, en la colonia Barrio Alto, llegaron los federales, “me exigieron dinero o que les hiciera sexo oral, o me iban a poner presa. Como vi que golpearon a otros chavos que estaban consumiendo, hice lo que me dijeron; si a ellos no les importa si tengo sida, a mí menos”.

Ley de oferta y demanda

Un capitán del Ejército, quien pidió el anonimato, comentó que hace como diez años “se hacía una vaquita para mandar a traer a las chavas, pero con tanta inseguridad, y por temor a que nos vayan a desconocer dentro del cuartel, tenemos prohibido dejarlas entrar. Ahora en los días francos o en un tiempecito libre los compañeros se dan sus escapadas”.

Las tres últimas administraciones del municipio de Ciudad Juárez han tratado de cambiar la imagen del centro, pero lo único que han dejado es una zona insegura y en obra negra, se quejan los juarenses. Estas acciones obligaron a las trabajadoras sexuales a desplazarse a otras zonas y a modificar las formas de ejercer el comercio sexual.

Ahora, relatan los promotores de salud, hay las sexoservidoras de La Paz, las de las barras de los bares, las chavas de las salas de masajes, las ejecutivas que negocian por celular y un hombre las entrega y recoge en una camioneta, las trabajadoras de las maquiladoras, que “con eso completan el gasto”, y ante la crisis, muchas mujeres que se quedaron sin empleo recurren a este oficio para mantener a sus familias.

El doctor Gustavo Martínez Mendizábal, director del Hospital de la Familia, advierte que la falta de coordinación entre las autoridades federales, estatales y municipales, para atender los problemas de salud de la población flotante que se relaciona con la ciudadanía, traerá consecuencias graves en unos meses.

“Estamos analizando el perfil de los clientes y a corto plazo vamos a emitir cifras de las enfermedades que esta población flotante contrajo y transmitió de y entre la comunidad de Ciudad Juárez”.

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